Relatos finalistas de la XLI edición

RELATOS FINALISTAS

MELQUIADES

Es cierto que los fogones son buenos aliados de las confidencias. Desde los fogones de la casa llegaba el olor de los lechones y pavos que estaban cocinándose para la comida de medianoche. Gustábamos de pegar la hebra toda la tarde; mujeres en lo más alto de la dramaturgia de los fogones, donde hay más política filosófica que la que pueda existir en todos los gobiernos de Europa. Tal vez me daba tanto más gusto en la medida en que me servía para distraerme de los enredos de mis propios problemas.

– El tarambana del Danielito dejó embarazada a la chica de la Eulalia y cuando ya estaban leídas las amonestaciones va y se niega a cumplir como un hombre. La dejó a la pobre con el paquete.

– Todos los pollos recién salidos del cascarón andan detrás de las chicas con promesas de matrimonio y hasta de hijos para que bajen la guardia. Tontitas, lo peor que les puede pasar es que sean bonitas, dulces y soñadoras. Son muy jóvenes para hablar de nada con ningún muchacho.

PATER COMUNITATIS

Es cierto que los fogones son buenos aliados de las confidencias, por eso los juicios se celebran en las cocinas de los txocos, donde la verdad se va abriendo camino entre ajos, tomates y cebollas, y su señoría cuchillo en mano, deja caer, fileteando un redondo de ternera (como quien no quiere la cosa), bueno Mangouras bueno, entonces, en el barco ese ¿Qué carallo llevabais?, no contestes Apostolos dice el abogado defensor, que te pierdes, a su señoría yo le cuento la puta verdad, brama el griego, mire señoría llevábamos plastilina negra, de la que se utiliza para hacer estiramientos verticales. Entonces Lopez, ¿de donde salió el chapapote ese de las playas?, para usted Jose Luis o Pepe a secas señoría, y esa mierda salió del submarino S-80 de Navantia que pesa un mundo y cada vez que se sumerge, para que emerja tienen que vaciarlo entero, combustible incluido.

Amigos, ahora todo cuadra dijo el magistrado dando un golpe con su mazo sobre un bistec de vaca vieja madurado durante 100 días, caso cerrado, y esta cena la pagamos con los fondos para la formación de parados.

ÚLTIMAS CONFIDENCIAS
Es cierto que los fogones son buenos aliados de las confidencias. Pese a que por edad, yo podía ser su madre, Pepa, la nueva en la cocina del restaurante, empezó a contarme de sus ligues de discoteca. Me describía como disfrutaba poniendo a cien a los chicos. Bailaba arrimándose mucho a uno y cuando estaba “caliente”, se iba con otro. Entre risas llegó a contarme de un chico que acababa de conocer, a quien llevó a un rincón oscuro, se besaron, y cuando el chico se quitó la ropa ella le dijo: “¡Ahí te quedas!”. Se puso tan furioso –me confió-, que pegó un puñetazo contra la pared rompiéndose la mano. Me dijeron que se suicidó poco después -afirmó, mientras sacaba la tarta del horno-. ¿Cómo pueden ser tan tontos?
Yo empujé su cabeza dentro del horno mientras le susurraba: “¡Ese chico era mi hijo!”.

LOS FOGONES ABREN CORAZONES

Es cierto que los fogones son buenos aliados de las confidencias, como aquel sábado que había decidido cocinar para mis amigos, como ellos habían hecho muchas veces. Ese día Alberto, conocedor de los vinos que maridaban bien o mejor con los platos que iba a servir, se ofreció para ayudarme. Lo habría conmovido la muerte repentina de mi marido años antes, de manera que esta era mi primera ocasión como anfitriona. El profundo duelo me había anulado. O tal vez el esguince que me había hecho el día anterior, tratando de ganarle la partida al tren que me devolvía a mi hija. Alberto, rodeado de ricos manjares, de la explosión de colores que reinaba en la cocina, los olores caprichosos, me dijo que me quería desde siempre y para siempre y yo sabía que en cualquier otro sitio él nunca tendría el valor de hacerme esa confesión.

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