Os dejo los relatos seleccionados de la LXV EDICIÓN

SHOW MUST GO ON

“A pesar de los tacones Raúl era más alto que Liza, aunque, a su lado, pasaba totalmente desapercibido. Era ella quien atraía todas las miradas, la que conseguía convertirse siempre en el centro de interés. A la que recordaban cuando ambos conocían gente nueva. «Sí, Liza, ¡fantástica! y… ese chico delgado que estaba con ella, ¿Cómo se llamaba?». Habían llegado a ese acuerdo tácito: él permanecía en el discreto segundo plano en el que se sentía cómodo; ella disfrutaba de sus ratos de protagonismo y agradecía su devoción. Al menos fue así durante un tiempo. Demasiado a menudo, ella se olvidaba de devolverle la atención que él le prestaba solícitamente. Liza no se dio cuenta de que Raúl se aburrió de admirarla en silencio y en solitario. Después de que él se fuera, ella tampoco tuvo mucho tiempo de echarle de menos. Show must go on.

ESTOCOLMOGRADOBURGOZURICHINYOURASSUANCHANEIN

“A pesar de los tacones Raúl era más alto que Liza”, y no poco. Pero no fue este hecho impedimento alguno para que aquel día, con paso decidido y cogidos de la mano, entrasen en la iglesia. La gente salía ya de misa. Llevaban toda la vida juntos, amigos desde la infancia se habían empapado saltando charcos, tirando piedras, dormido en la calle tras fugarse de casa, drogado juntos y habían hecho el amor de mil maneras. Hasta habían robado un coche juntos, sin embargo, no estaban casados. Recorrieron solemnes el pasillo y al llegar frente al altar giraron hacia la sacristía en busca del cura. Era junio y el párroco estaba a tope de comuniones y bodas, al verlos apurados, con cara de circunstancias sonrió. Quiso decirles que no podía casarlos así de cualquier manera, pero no fue necesario, cuando Raúl cerró la puerta Liza ya le apuntaba con un pistola.

Cuestión de altura. De Toñito Nazaret

A pesar de los tacones Raúl era más alto que Liza. Ya desde muy pequeña lo había intentado todo para alcanzarle, pero sin éxito. Desde ponerse los zapatos de tacón de su madre, subirse a las sillas del salón, o caminar sobre latas de tomate bien sujetas con metros y metros de cinta aislante alrededor de sus pies. Liza no entendía como siendo tres años mayor que su hermano, este siempre iba aventajado en cuanto a altura se refiere. No había día que no consultase la pared de la cocina, en la que cada uno marcaba su crecimiento, a la espera de que surgiera la magia superando así a Raúl. Ya no era solamente una cuestión de estatura, sino que las burlas por parte de este también tenían lo suyo; desde enana, microbio, pequeñaja o cosas por el estilo. Hasta que un buen día se rindió a la evidencia, al comprobar las fotos en portada de la prensa nacional, elogiando la heroicidad de Raúl junto al resto de sus compañeros, al salvar a una familia de morir en un incendio de su casa”. ¡Ahí estaba su hermano, su héroe! Eso sí, el más alto de todos.

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