Relatos finalistas de la LXI edición

MEDITERRANEO
Todo el mundo habla de ellos, pero nadie los ve.
Retiran sus cuerpos vacíos, pero quedan sus almas.
Y nadie los ve perderse en lo profundo. Lastrados con su hatillo de sueños rotos.
El mar conoce la verdad, intenta comunicarse.
Es el rumor de las olas en la orilla,
criticando a quienes pueden evitarlo, pero encojen los hombros.
Siempre aparecen razones que abandonan a la deriva tantas vidas necesitadas.

Y cada atardecer, el Sol se sumerge, ilumina, y rescata, a esos espíritus confusos.
Guiándoles hacia el edén final, donde todos pueden entrar.

¿QUÉ?
“Todo el mundo habla de ellos, pero nadie los ve.” Llevamos meses esperándolos, a los inversores. Vinieron a principio de año, con ingenieros, topógrafos y arquitectos, que midieron, testaron, analizaron… Y con decenas de periodistas, que, finalmente, publicaron la gran noticia: La construcción de un gran centro industrial y de ocio que traería miles de puestos de trabajo y, por fin, la prosperidad a nuestro pueblo. Así que Matilde, la del bar, pidió una hipoteca para ampliar el negocio, y Pepe el del hostal hizo otro tanto. Las mujeres empezaron a felicitarse por sus embarazos y los hombres, a presumir de coche nuevo. Solo que las obras tenían que haber empezado la semana pasada, y aquí no se ha movido nada. El alivio y la satisfacción que se respiraba hasta ahora en nuestras calles empieza a empañarse de incertidumbre… ¿Y si no vienen, qué?

PENDRIVE
“Todo o mundo fala deles, pero ninguén os ve”
Mais eu sei que teño un no meu xardín. Seino porque come as miñas framboesas. Seica non gusta tanto dos amorodos. Enfadaríame, pero é que tamén fai cousas boas como manter as pragas baixo control, coida da horta e saca as herbas improcedentes.
Ademais ás veces faime rir. Antonte atopei un montiño de pedras unhas postas enriba das outras mantendo un equilibrio incrible. Como o conseguiu? Pero o gracioso non é iso, senón que as colocou enriba dun pobre caracol. E ía o caracol polo xardín cargando coa casa e coas pedras todas ao lombo. Qué traste!
Gustaríame saber onde se mete. Hai un buraco detrás do loureiro pero non podo crer que sexa tan pequeniño. Onte atopei un zapatiño verde minúsculo e creo que é seu. Vou poñer unha cámara agachada entre os fentos a ver se o pillo sen que se decate.

Esta entrada fue publicada en Concurso Literario, Relatos seleccionados. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *