Relatos finalistas

RELATOS FINALISTAS

ROUGE
“El mensaje aparece escrito en el espejo del baño, con un carmín rotundo y excesivo, como ella. Aquel gesto dramático era innecesario, pero Lila no sería Lila si no hiciera esas cosas. Sigo sin acostumbrarme a que ponga mi vida patas arriba cada vez que llega a la ciudad. Cuando viene, mis días son solo para ella. Tanto lo urgente como lo importante pasan a un segundo plano. Dejo que me invada, que me arrase, me convierto en lo que quiere que sea, aún sabiendo que después el duelo durará semanas y que cada vez me cuesta mas reconstruirme. ¿Que si compensa? Desde luego, prefiero tenerla así a no tenerla. Entonces, cuando empiezo a creerme que ha vuelto, desaparece. A veces, si hay suerte, con un amago de despedida… “Au revoir, mon amour”… ”.

NO LO DEJES PARA MAÑANA…
El mensaje aparece escrito en el espejo del baño
cada mañana desde hace años, pero cuando amanece y quiero verlo está distorsionado por el paso de las horas. Siempre sucede a media noche. Mi temor aumenta a medida que las agujas del reloj se acercan a la hora bruja, la hora malvada en que un nuevo aviso emerge de la profundidad del cristal. Con la cara a medio cubrir por la sábana, aguzo el oído y presto atención al chirrido oxidado y estremecedor de algo o alguien que araña desde dentro la superficie plana de la luna. Tiemblo. Mis dientes se aprietan inconscientemente. Debo ir y vencer el pavor que me invade, pero me siento bien aquí, protegida por el calor de la manta. De alguna manera sé que si lo veo cesará, pero la cobardía y el miedo a saber me impiden acudir. Mañana lo haré, mañana seguro que lo consigo, mañana…

MESA PARA DOS
El mensaje aparece escrito en el espejo del baño
cada viernes, con letra redondeada y dulce. Se esmera por que parezca escrita con mimo. Yo lo miro y sonrío, aún envuelto en el vapor acumulado allí tras la ducha.
Es nuestro momento más coqueto de la semana, cuando la única preocupación de la mente es qué camisa combina mejor con la mueca alegre de nuestros rostros cansados. Es nuestro particular día en el que nos volvemos a reconquistar tras caso una década descubriéndonos mutuamente. Adoro esta sensación de alegría, porque siento que el mundo es nuestro, a pesar de todo de todos los que se resistieron a ello.
Vuelvo a levantar la mirada y leo de nuevo esa frase tan querida: “Te invito a cenar, amor”.

LEMURES
El mensaje aparece escrito en el espejo del baño
, otra vez. El vaho que emanaba de la bañera en la que reposaba, descubrió las malditas palabras. Ayer fue con las manchas del café sobre el mantel; antes de ayer, aparecían en lo alto de la pared del pasillo. Es ella, no veo otra explicación; siempre igual de retorcida. Decidí guardar la calma que duró el aleteo de una mosca y acto seguido empuñé el teléfono de la ducha, apuntándolo con el chorro al máximo sobre el espejo, seguido del mueble, pasando por el colgador de toallas y rematando de un manotazo el grupo de geles y champús que terminaron estampándose contra el suelo, vertiendo sus tripas de colores llamativos. La furia dio paso a un ataque de risa nerviosa e infantil. Satisfecho pero aun maldiciéndola, salí de la bañera y con la última sonrisa en la boca, al jabón de los pies y el fuerte impacto de mi nuca contra el borde del lavabo, me reuní con ella donde la había enterrado.

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