Los relatos seleccionados de la LVI edición

RELATOS SELECCIONADOS

LA FUNCIÓN

De repente se volvió hacia el reloj para ver la hora que era. Se río. Qué ironía más poética le parecía eso del tiempo… sentía reminiscencias de algo semejante al deseo, la prisa, el anhelo, la calma, el miedo… Pero ahora sólo estaba ella. En presente, sin pasado ni pretéritos perfectos por imperfectos que fuesen. Sin futuro. Tiempo sin tiempo, un suspiro, un susurro, una caricia. Nada más. Un temblor. Se concentró. Quería saborear hasta el último estertor antes del fin. Notaba su corazón golpeando fuerte en el pecho y se volvió hacia el reloj para ver la hora que era. Volvió a reír. Qué ironía más poética le parecía eso del tiempo… y se levantó el telón.

TIC-TAC

De repente se volvió hacia el reloj para ver la hora que era. En su lugar sólo quedaba el hueco en la pared marcado por el paso de los años y, sin embargo, le parecía que aún podía escuchar el tic-tac de sus agujas ocupando todo el silencio de la habitación.
La cama tembló anunciando el inicio de otro mal sueño y la pintura blanca del cuarto empezó a agrietarse cayendo por todos lados, tiñendo de repente de canas sus cabellos y de arrugas su cuerpo. Extendió el brazo y palpó las sábanas buscando asirse a alguien, como hacía antes, deseando una mano a la que agarrarse, implorando el calor de su piel.
Pero nada. Sólo el tic-tac del reloj y, entre tanto, el silencio.
¿Mamá?
Tic-tac.

“O PESO DO TEMPO”

“De repente se volvió hacía el reloj para ver la hora que era”
E o reloxo non estaba aí. Que raro, pensou ela. Púxose a enagua, subiu a saia e atou os cordóns do xustillo. Pola ventá entraban os primeiros raios do amencer, pero non sabía a hora. Almorzaba ás 7, tostadas con requeixo, tecía ata o xantar, falaba co padre, ceaba cos seus, lía os evanxeos e durmía outra vez. Unha vida sosegada. Non sabía a hora, estaba nerviosa. Saiu ao salón, o cuco tampouco estaba alí. Onde estaban os reloxos? Tiña que almorzar xa? Mirou cara o xardín, ao lado da fonte co anxo de pedra había un charco de lama. Debo coller o requeixo? preguntouse ela. Pero non sabía a hora. Saiu ao xardín e tirouse sobre o barro. Colleu lodo coas dúas mans e untou as enaguas. Había anos que non sorría tanto. Ao fondo do camiño, chegaba o seu avó guiando o carro de cabalos. Volvía cos reloxos. Ela sentouse sobre o barro e comezou a chorar.

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