Relatos finalistas de la LIV edición del concurso de relatos breves..

Aquí os dejamos los relatos seleccionados… si os apetece pasaros por Gálgala a dejar vuestro voto 😉
Os esperamos!

ENCUENTRO INESPERADO
El tipo del espejo contestó por mí.

Ya sabía lo que tenía que hacer, a pesar de que sus palabras me sonasen lejanas y ajenas, y de que aquel individuo fuese un completo extraño en el dilema que se me planteaba.
No entraba en mis planes aquel encuentro y solté la pala como quien deja caer toda la pesadez de los años vividos sin ganas y sin remedio, sintiendo que la decisión que me había tenido en vela cada noche de los últimos meses seguía dando vueltas en mi cabeza.
Mientras el bulto permanecía a mi lado, mi mirada calibraba si en aquel hoyo cogerían dos.

CARA A CARA
El tipo del espejo contestó por mí,
con una rapidez que me pilló desprevenido.
-Y ahora me sales con esas? ¿Pero qué coño te has creído? ¡Después de todo lo que hemos pasado juntos, me sales con que no puedes más, que la única salida es acabar con tu vida! ¡Me resultas patético! Pero claro, que se puede esperar de un tipo como tú, carente de escrúpulos. Aunque analizándolo bien, no me extraña tu lamentable estado. ¿Qué te parece si hacemos un breve balance de tu vida? Ponte cómodo: familia: inexistente; en tu opinión una panda de paletos sin ningún tipo de ambiciones. Amigos: yo los llamaría extraños, se pegaban a ti por tu éxito, ¿Dónde están ahora? Amor: ¿Sabes su significado? No, tú solo te rodeabas de mujeres de dudosa reputación. ¡Pero qué vida tan lamentable la tuya!.
Y llegados a este punto ¿qué final has decidido? Permíteme, por si el alcohol y las drogas te han destrozado el cerebro, sugerirte un salto al vacío. ¿Por lo menos, una vez en tu vida, tendrías un buen titular!

TRANSGRESIÓN
O tipo do espello contestou por min
, aquela tarde.
Cando subín pola escada que leva ao faiado e abrín a porta de vagar, esta emitiu un laído, como se alguén me chamase desesperadamente. Avancei até a xanela e tirei das contras. As raiolas alumearon un espello longo e aquel vello baúl. Abrino desexando atopar o que non procuraba. Entre unha chea de cousas apañei unha foto donde estaba eu, de cativa, coas coletas e o vestido de ballet que tanto agradaba a papá. A miña beira Lucía, xa era moi fermosa de meniña. Lembrei as noites a compartir cama e segredos, e ela a camiñar cara a praia, coa saia lila que tan ben lle sentaba. Pousei o marco, apartei os zapatos de ballet e, ao fondo, mirei aquilo, o seu traxe negro, o de papá, coidadosamente dobrado, có chapeu a un lado. Puxen primeiro o chapeu e erguinme, inconscientemente. Espinme, a modo, e vestín a camisa, os pantalóns, o chaleco e a chaqueta. Ollei entón para o espello e coloqueime fronte a él. Respirei profundamente. E o tipo do espello contestou por min: “A Lucía sempre lle gostaron os homes de traxe”.

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