Relatos seleccionados en la LIII edición del concurso de relatos breves de Gálgala

¿VOLVERÁN?
En esta casa cubierta de intrincadas enredaderas ya hace muchísimo tiempo que no vive nadie. Las paredes de piedra, cubiertas de humedad. Los armarios vacíos, llenos de recuerdos. Ecos de otras vidas que saltan de un cuarto a otro, recorren los pasillos desiertos y se entretienen jugando en los jardines. Los techos altos, imponentes, se resquebrajan, dejando que la luz de la luna se filtre sin control. Más allá, al otro lado, ella observa. ¿Volverán? ¿Seguirán ahí? No sabe explicarlo. La humedad de sus ojos se ha secado, sus recuerdos se desvanecen. Ya no nota el olor a canela de las cocinas. Ya no siente el calor del fuego de la chimenea. Su perfecta alcoba es ahora parte del jardín. Una jungla. El viento gélido se cuela entre los agujeros de la bóveda. Ella sabe que tiene frío, pero no lo siente. Respira, pero el aire no entra en sus pulmones. Se mira las manos que no están y sin voz ni habla se dice a sí misma: “Hace muchísimo tiempo que nadie vive aquí

MAGÍA
En esta casa cubierta de intrincadas enredaderas ya hace muchísimo tiempo que no vive nadie, o al menos eso pensaban los habitantes de Colmar. Obvio era que si durante el día nadie alteraba la tranquilidad que albergaban sus gruesos muros, la noche escondía muchos secretos. El silencio se convertía en algarabía y el sosiego en barullo. Como poseídas por un encantamiento, todas y cada una de las piezas de un viejo ajedrez, que se encontraban desparramadas por la sala, cobraban vida: el Rey adoraba acompañar a su Dama galopando a lomos de sus blancos corceles seguidos muy de cerca por sus peones mientras los alfiles custodiaban las torres. Y así, coda anochecer comenzaba la mágica transformación. Era su tributo a Ana y Simón. Sus jóvenes vidas dejaron de tener valor años atrás, en una fría mañana de invierno, cuando una estrella amarilla mal cosida sobre sus abrigos, les auguraba un incierto futuro lejos del calor de su apacible hogar.

UNA CASA CANCIÓN, QUE NO FUE CANTADA
En esta casa cubierta de intrincadas enredaderas ya hace muchísimo tiempo que no vive nadie. Juan, seguía yendo año tras año a verla, la vieja casa de la que Sonia se había prendado. Ya pasaran muchos años desde aquel día en que ella decidió no arriesgarse y dejó morir su relación.
Esa casa era su meta, lo que los dos soñaban, su objetivo de vida. Era como la canción de su relación.
Y a pesar de todo, él insistía en volver, cada año en esa fecha, a reavivar su historia, una relación imposible, que nació en una mirada y murió en un cerebro. La comprara hace años, pero nunca la habitaría, esa casa era de Sonia. Él solo se limitaba a visitarla cada año y verla cubrirse de intrincadas enredaderas.

NEGRA CRÓNICA
En esta casa cubierta de intrincadas enredaderas ya hace muchísimo tiempo que no vive nadie. El anterior alcalde, un cincuentón rudo y cicatero, la construyó como regalo de compromiso para su novia adolescente. Los padres de Ana tenían deudas con él, y resolvieron saldarlas ofreciéndole la mano de su hija menor. El aceptó y ella tuvo que obedecer. Pero la mañana tras la boda, el alcalde apareció en la cocina, en un charco de sangre, con varias puñaladas. La policía no dudó: detuvieron al hijo del panadero. Se sabía que estaba enamorado de la chica y lo habían visto rondar por la casa el día del enlace. De nada valieron sus protestas y argumentos, fue juzgado y encarcelado. El arma del crimen nunca apareció, aunque nadie buscó en la maleta con la que la joven viuda abandonó el pueblo. En la casa maldita nadie quiso volver a entrar.

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